UNA HIPÓTESIS PROHIBIDA
El cronista árabe Abdul el Latif, (1.150 d. C.) ya hacía mención del recubrimiento metálico del obelisco de Sesostris I que se encontraba en Heliópolis (1.970 a. C.). Pero no es la única referencia existente, son muchas las crónicas que nos narran la utilización de estos gigantescos obeliscos a modo de pararrayos, que protegían las inmediaciones de los templos. Algunos de ellos estaban recubiertos de una aleación de oro, plata y cobre que recibía el curioso nombre de "electrum".
El cronista árabe Abdul el Latif, (1.150 d. C.) ya hacía mención del recubrimiento metálico del obelisco de Sesostris I que se encontraba en Heliópolis (1.970 a. C.). Pero no es la única referencia existente, son muchas las crónicas que nos narran la utilización de estos gigantescos obeliscos a modo de pararrayos, que protegían las inmediaciones de los templos. Algunos de ellos estaban recubiertos de una aleación de oro, plata y cobre que recibía el curioso nombre de "electrum".