Lo que no tiene explicación y han preferido ignorar, al igual que todo el contenido del trabajo sobre los trépanos de Petrie, y el propio Informe Baker, es la existencia en el interior de estos taladros de los típicos surcos producto de una elaboración mecánica, y que nada tienen que ver con los burdos sistemas de abrasión que se emplearon en rocas de menor dureza, y sin la perfección en el trazado como las que estudió Petrie y Baker. Es más, la seriedad y el reconocimiento generalizado que sobre la persona y el trabajo de Petrie existen dentro de la comunidad arqueológica, hacen que nadie se haya atrevido a atacar abiertamente sus conclusiones sobre los trépanos egipcios. Más bien se ha preferido aislar o ignorar tan molesta e incómoda parte de sus investigaciones, al igual que otros estudios existentes sobre la metrología de las pirámides, un tema tabú dentro de la egiptología, pues como bien es sabido entre los círculos oficiales, los egipcios no tenían grandes conocimientos matemáticos para haberlos aplicado en su momento a la construcción de las pirámides, como algunos investigadores creen haber detectado, por ejemplo la presencia del número Pi en la realización de la Gran Pirámide.