Unas semanas después del ingreso a la cámara mortuoria, cuando el mundo de la arqueología celebraba el triunfo de uno de los suyos, el ambiente del ocultismo se disponía a comenzar una década tan brillante como el oro de la mascarilla del legendario Rey-dios. Lord Carnarvon, dandy ingles, amante de la buena vida y las aventuras, socio capitalista de Carter en sus andanzas egipcias, muere en un hospital de El Cairo. Uno de los primeros en ingresar a la tumba de Tutankamon, fue picado por un mosquito en la cara; se le formo una herida infecciosa; entro en la suerte de coma febril y a los trece días murió para horrorizar a los egipcios que auguraban las maldiciones del faraón. Antes de expirar Caranvon le informo a su hermana que Tutankamon lo había llamado y que iba a reunirse con él. En ese mismo momento, en Inglaterra, el perro del filántropo moría fulminado por un infarto.