El hombre de bien y de valor debe ser indiferente a los choques de la mala suerte.
¿Qué importa tener o no tener cosas superfluas?
Sobre mi corazón no manda nadie más que mi conciencia.
El valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna.
Los beneficios que se hacen hoy, se reciben mañana, porque Dios premia la virtud en este mundo mismo.