Entre los sacerdotes, había lectores, puros, profetas, culminando en la figura de Sumo Sacerdote de Amón, escogido personalmente por el rey entre sus leales aunque no perteneciera a la jerarquía sacerdotal. Ostentaba títulos como “Jefe de los secretos del cielo” o “Jefe de los sacerdotes de todos los dioses” y su poder político era grande.