Divididos en grupos bajo las órdenes de capataces, trabajaban en jornadas de alrededor de ocho horas, hasta la llegada de la comida y bebida desde el pueblo. En el año 1170 a. C., bajo el reinado de Ramsés III, el retraso en el pago de salarios y el hambre llevó a los obreros de Deir el-Medina a la huelga, logrando sus objetivos.[3