Ka, la energía vital continúa viviendo una existencia ficticia en el sarcófago, necesitando víveres, o se introducía mediante conjuros mágicos en una estatua que representaba al difunto. Disponía de los ‘’Ushebti’’, o estatuillas de servidores que debían ayudar en los trabajos que los dioses ordenaran al difunto. En otra definición el Ka es concebido como la parte individual, diferenciadora del espíritu de cada ser humano, o como ego humano vital, simbolizada como la mano levantada hacia lo alto, soltando la luz interior de esa vitalidad pues ya no la necesita en el 'Más Allá'.[1]