Amenhotep IV proclamó la abolición de los dioses a favor de uno solo, Atón (una de las múltiples advocaciones de Ra), pero no tuvo éxito: el faraón se autoproclamó como el único intermediario entre Atón y la humanidad, anulando prácticamente al sacerdocio, y las reacciones no se hicieron esperar, y su monoteísmo no duró. Después de su muerte, su hijo (el futuro Tutankamon, que murió muy joven y del que se hallaron sus restos en perfecto estado) fue educado y utilizado por la casta sacerdotal para restablecer el culto de todo el panteón.