Las primeras vasijas fueron elaboradas durante el reinado de Thutmose III (1500 a. C.), y se utilizaba la técnica de moldeado sobre un núcleo de arcilla. Suelen ser frascos cilíndricos y anforitas alargadas y estrechas, a menudo decoradas con rayas multicolores, a veces con figuras e imitaciones de filigranas u otros ornamentos. Se han encontrado en las tumbas, y casi siempre ofrecen poca transparencia y curiosas irisaciones en la superficie, descomponiéndose en escamitas al tocarlos: todo ello es debido, en parte, a las impurezas.