Las organizaciones laborales llegaron incluso a organizar huelgas motivadas, por ejemplo, por insuficiencias en los lugares de alojamiento, retraso en el pago y falta de ungüentos. Cuando los obreros se enojaban, no era fácil hacerlos volver al trabajo. Al parecer, más de una vez el propio faraón tuvo que hacerse cargo de hablar con los huelguistas para resolver la situación.