Era común que los antiguos egipcios afeitaran sus cabezas por cuestiones de higiene y salud, por ello optaban por pelucas delicadas y elegantes, sobre las que colocaban perfumeros, otro símbolo de sofisticación. Estos consistían en conos de resina perfumada que se iban derritiendo con el calor sobre la peluca y a veces, sobre las ropas, pues en algunas pinturas se pueden ver representados los vestidos manchados de amarillo por el perfume.