Cada vaca doméstica emite aproximadamente 150 Kgs de metano al año.
La velocidad más alta registrada por un tren fue de 574,7 Km/h, lograda por el TGV francés.
Un grupo de investigadores de la Universidad de California comprobó que estos rumiantes contaminan cuatro veces más que un auto. Y lo hacen por medio de sus excrementos, ventosidades y eructos, a través de los cuales generan 150 kilos de gas metano al año.
Lo que faltaba. Ya no son sólo las chimeneas, los tubos de escape de los autos, las cenizas de las industrias o los gases de la combustión los que contaminan y alteran nuestro planeta. Ahora resulta que existen algunos animales que también dañan el medio ambiente. Es decir, la naturaleza dañando a la naturaleza.
¿Te habrías imaginado alguna vez que las tiernas vacas, que nos proporcionan carne y leche, podrían estar en el grupo de los "contaminantes"? Así es y fue comprobado por un grupo de investigadores de la Universidad de California.
Este equipo, liderado por Frank Mitloeher, estudió a los rumiantes de Central Valley, con el fin de constatar si el alto índice de polución en la zona era consecuencia de las vacas o de los autos que transitaban por la ciudad. Con asombro, comprobó que una vaca lechera puede contaminar ¡cuatro veces más que un auto!, por medio de sus excrementos, ventosidades y eructos.
En esa localidad norteamericana existen 3 millones de vacas, y en un adelanto del estudio los investigadores encontraron que ellas son las responsables de algunos componentes de los gases, conocidos como los Componentes Orgánicos Volubles (Volatile Organic Components).
Imagínate, cada vaca produce tal cantidad de gases por año, que los científicos propusieron que no se permitieran más estos animales en la ciudad, para aminorar la contaminació
Y es que un estudio similar que se realizó en Europa concluyó que los rumiantes producen ¡la tercera parte del metano liberado a la atmósfera!. Se calcula que cada vaca emite unos 150 kilos de metano al año.
Para que entiendas un poco más, las vacas producen gas metano cuando digieren su alimento, debido a que no poseen aire en sus estómagos y, por lo tanto, tampoco oxígeno. Pero sí tienen bacterias, y ahí está el gran problema. Estos pequeños organismos transforman químicamente la materia -al igual que cuando nosotros comemos-, con la diferencia de que allí producen metano.
Y no sólo a las vacas les sucede esto, lo mismo les ocurre a las ovejas y a las termitas. Estas últimas liberan el gas cuando digieren madera.
A nosotros los seres humanos no nos sucede, ya que nuestros estómagos son diferentes, aunque sí generamos este gas de otras maneras. Por ejemplo, a través de los arrozales (plantaciones de arroz), los vertederos de residuos (rellenos sanitarios), las filtraciones de oleoductos de gas natural, las pérdidas tanto en la producción como en el transporte de gas natural, las prácticas que involucran la quema de biomasa, los humedales y las minas de carbón.
De hecho, ¡el 70% de las emisiones globales de Metano son de origen humano!.
Pese a que el metano dura menos que el CO2 en la tropósfera (12 años contra 100 años), su capacidad de absorber calor es 24 veces mayor que el CO2. Si sube la temperatura del planeta, los casquetes polares liberarán 10 mil billones de toneladas de metano, intensificando el efecto invernadero.
Pese a que la descomposición del metano produce CO2, el saldo a favor es positivo: por 20 moléculas de metano que se descomponen se libera sólo una molécula de CO2. El punto está en mantener bajos los niveles de metano.
Sin embargo, sileciosamente, hay otra fuente natural que actúa. Se trata de las masas de hielo, que están liberando poco a poco metano.
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