CANALES: Nos fuimos del pueblín siendo yo muy pequeña, nos mudamos...

Nos fuimos del pueblín siendo yo muy pequeña, nos mudamos a León y estuve unos cuantos años sin volver por allí. Cuando tenía unos 15 años, mi hermano un día me propuso ir a Canales a hacer una visita a mi tío Paco, al que hacía varios años que yo no veía. Por aquél entonces tio Paco tenía una enorme granja donde criaba pollos, gallinas y cerdos y decidimos desplazarnos en la Vespa de mi hermano desde León hasta allí. Cuando llegamos, mi tío nos recibió con gran sorpresa, abrazó efusivamente a mi hermano y comenzaron a charlar, yo miraba sonriente a mi tío esperando algún gesto y él mientras hablaba con mi hermano continuamente me miraba de arriba a abajo, cuando de pronto le dice a mi hermano - ¿no me vas a presentar a tu novia con lo guapa que es la rapaza?- Mi hermano se echó a reir y le contestó - pero tío, si es mi hermana ¿ya no te acuerdas de ella? - Se quedó perplejo y no sabía qué decir, aún conservaba en su memoria el recuerdo de aquélla mocosa que ahora se había convertido en la mujer que tenía delante. Tardó un rato en reaccionar. Dicho sea de paso yo había cambiado mucho desde la última vez que me vió, como se sabe las mujeres cuando pasamos por nuestra etapa adolescente sufrimos una transformación más notable que los individuos del sexo masculino. Bueno, pues finalmente pasamos una estupenda tarde con mi tío, nos estuvo enseñando la granja y me quedé impresionada ¡cielos, nunca en la vida habia visto tantos pollos y cerdos juntos! podría haber más de dos mil y no exagero. Ya cuando nos ibamos, nos regaló dos pollos que introdujo vivos en un saco de pienso y mi hermano colocó en la parte delantera de la Vespa, casi entre sus piernas. Recuerdo que fué un viaje bastante complicado el de regreso a León con los pollos continuamente cacareando y peleándose dentro del saco. Estuvimos en un par de ocasiones a punto de perderlos por el camino al tomar alguna curva. Cuando por fín llegamos a casa y los sacaron de la bolsa (yo no me atreví ni a tocarlos por si acaso), los encontramos medio desplumaos, parecía que venían de una pelea de gallos jaja!. Ahora solo faltaba sacrificarlos, aunque en cuanto a pelarlos afortunadamente ya teníamos algo de trabajo avanzado en el que muy gentilmente habían colaborado ellos mismos.

Manuela