En un pueblo, los feligreses tenían acordado con el párroco que cuando se fueran a confesar, los pecados de adulterio, infidelidades etc, se contaran como resbalones para no entar en detalles. Aquel párroco se murió, y mandaron a otro que despues de una semana en el pueblo durante el sermon de la misa del domingo les dijo:"Estoy muy descontento, teneis el pueblo totalmente abandonado, los caminos descuidados, es un peligro para la gente que resbala y resbala y un día tendreis una desgracia"
A todo esto la gente se reía porque evidentemente el cura no estaba en el ajo de los resbalones...."Y usted señor alcalde, no sé de que se rie, sepa que su mujer y su hija son de las que mas resbalan!"
A todo esto la gente se reía porque evidentemente el cura no estaba en el ajo de los resbalones...."Y usted señor alcalde, no sé de que se rie, sepa que su mujer y su hija son de las que mas resbalan!"