Amigos del calecho, aquí os mando otro cuento de Xuan Pardu (el lobo), recogido del libro que ha escrito mi hijo Diego, que se dedica a recuperar cuentos e historias tradicionales y tradiciones. Espero que os guste.
En esta otra fábula interviene Xuan Pardu, nombre que también se le daba al lobo, y se enfrenta a una oveja recién parida en la zona de Santibáñez de la Llomba. Cuenta que estando la oveja pastando apareció Xuan Pardu para comérsela, pero esta le respondió: “- ¿Agora mesmamente, que toi criyandu duos fiyos que truxe d’un mesmu partu? Déixalu pa más alantre, pa cuandu estén destetaos.” Xuan Pardu, oyendo los alegatos, aceptó dejarlo para más adelante.
Otro día se presentó en el mismo lugar Xuan Pardu, y la oveja le presentó los mismos alegatos, pero esta vez, para darle más credibilidad al asunto, le propuso que los otros animales que allí se encontraban con ella fueran los jueces que determinaran lo que se debía de hacer.
Pues fue así como los carneros y una yegua que allí pacían se convirtieron en jueces del pleito, y para allí iban Xuan Pardu y la oveja no ya como enemigos, si no como dos personas que van a un pleito. En el pleito los animales fallaron a favor de la oveja, fundándose en el derecho natural que prohibe matar a una oveja que esté amamantando a sus recentales, diciendo la yegua la siguiente: “- El nuestru fallu ye definitivu, inapelable y xustu; sal, Xuan Pardu, por onde entreste, y vete pur onde viniste, si nun quieres que llamemos a los perros. Entra a servir al amu, y él te mantendrá; peru esu de comere sin trabayare, acabóuse.”.
Entonces se fue Xuan Pardu, renegado y muerto de hambre por el monte arriba y dándole vueltas a la cabeza. Se prometió a sí mismo que no le daría otra oportunidad a esa maldita oveja, que en el momento que pudiera “afallala” daría buena cuenta de ella.
En esto que un día vio a la susodicha oveja pastando sola muy a gusto a la sombra, y sin que nadie lo viera se abalanzó sobre ella y le dijo así: “- ¡Pur fin caíste!”. La oveja, consciente de que su fin estaba cerca, le pidió a Xuan Pardu como última voluntad que, ya que le había llegado la hora, la dejara rezar sus últimas oraciones tras un chopo que allí se encontraba, pidiéndole a Xuan Pardu que se colocara tras el chopo, a lo que este accedió. Viendo la oveja una oportunidad de escapar, corrió por el terreno que el chopo tapaba diciéndole a Xuan Pardu:
You, cumu oveya cascarriera
Lleveime buena carreira.
Tú, cunu llobu pardu,
Llevaste buen petardo.
Comprendió entonces Xuan Pardu que fue burlado, y se fue del lugar diciéndose a sí mismo:
Si la lloba de la mi madre
Esti casu conociera,
Escurque al sou Xuan Pardu,
Esti conseyu-ye diera:
Que’l que se fía d’un pillu,
Y nun escarma a la primeira,
Cámbiase la piel d llobu
Pur un pilleyu d’oveya.
Pur ende ya aquestas pieles,
Truécanse cun gran frecuencia,
Nun escuyimus ya quién yía’l llobu,
Nun quien ye en verdá la oveya.
Saludos de Pilarina
En esta otra fábula interviene Xuan Pardu, nombre que también se le daba al lobo, y se enfrenta a una oveja recién parida en la zona de Santibáñez de la Llomba. Cuenta que estando la oveja pastando apareció Xuan Pardu para comérsela, pero esta le respondió: “- ¿Agora mesmamente, que toi criyandu duos fiyos que truxe d’un mesmu partu? Déixalu pa más alantre, pa cuandu estén destetaos.” Xuan Pardu, oyendo los alegatos, aceptó dejarlo para más adelante.
Otro día se presentó en el mismo lugar Xuan Pardu, y la oveja le presentó los mismos alegatos, pero esta vez, para darle más credibilidad al asunto, le propuso que los otros animales que allí se encontraban con ella fueran los jueces que determinaran lo que se debía de hacer.
Pues fue así como los carneros y una yegua que allí pacían se convirtieron en jueces del pleito, y para allí iban Xuan Pardu y la oveja no ya como enemigos, si no como dos personas que van a un pleito. En el pleito los animales fallaron a favor de la oveja, fundándose en el derecho natural que prohibe matar a una oveja que esté amamantando a sus recentales, diciendo la yegua la siguiente: “- El nuestru fallu ye definitivu, inapelable y xustu; sal, Xuan Pardu, por onde entreste, y vete pur onde viniste, si nun quieres que llamemos a los perros. Entra a servir al amu, y él te mantendrá; peru esu de comere sin trabayare, acabóuse.”.
Entonces se fue Xuan Pardu, renegado y muerto de hambre por el monte arriba y dándole vueltas a la cabeza. Se prometió a sí mismo que no le daría otra oportunidad a esa maldita oveja, que en el momento que pudiera “afallala” daría buena cuenta de ella.
En esto que un día vio a la susodicha oveja pastando sola muy a gusto a la sombra, y sin que nadie lo viera se abalanzó sobre ella y le dijo así: “- ¡Pur fin caíste!”. La oveja, consciente de que su fin estaba cerca, le pidió a Xuan Pardu como última voluntad que, ya que le había llegado la hora, la dejara rezar sus últimas oraciones tras un chopo que allí se encontraba, pidiéndole a Xuan Pardu que se colocara tras el chopo, a lo que este accedió. Viendo la oveja una oportunidad de escapar, corrió por el terreno que el chopo tapaba diciéndole a Xuan Pardu:
You, cumu oveya cascarriera
Lleveime buena carreira.
Tú, cunu llobu pardu,
Llevaste buen petardo.
Comprendió entonces Xuan Pardu que fue burlado, y se fue del lugar diciéndose a sí mismo:
Si la lloba de la mi madre
Esti casu conociera,
Escurque al sou Xuan Pardu,
Esti conseyu-ye diera:
Que’l que se fía d’un pillu,
Y nun escarma a la primeira,
Cámbiase la piel d llobu
Pur un pilleyu d’oveya.
Pur ende ya aquestas pieles,
Truécanse cun gran frecuencia,
Nun escuyimus ya quién yía’l llobu,
Nun quien ye en verdá la oveya.
Saludos de Pilarina
Gracias Pilina. Se por experiencia lo que cuesta escribir en Lliunés. Me ha encantado, felicita a Diego en mi nombre. Eso que hace me parece una cosa estupenda. Hay por ahí montón de historias antiguas que si nadie se ocupa de recuperarlas, con el tiempo se perderían.
Tu entras poco, pero cuando entras.....
Un beso querida amiga.
Yoli
Tu entras poco, pero cuando entras.....
Un beso querida amiga.
Yoli