(ASÍ ES MI PUEBLO)
Mi pueblo está en las montañas
en los montes de León
a orillas del río Luna.
Es un paisaje precioso
y aunque el pueblo es pequeñito
para mi no hay en el mundo
otro que sea tan bonito.
Pues guarda para sus hijos
de los años al través
lo que más vale en el mundo
recuerdos de la niñez.
Es hermoso en primavera
cuando renacen las flores
y los montes y los prados
se visten de mil colores.
Pues se mezclan los claveles
y amarillas campanitas,
las moradas violetas
y las blancas margaritas.
El olor de los tomillos
el color de los rosales,
y los árboles en flor
de los cotos escolares.
En el molino el parral
crece con la madreselva
y se arrullan las palomas
con el “run, run” de las piedras.
El molinero Francisco
de flor de trigo manchado
silva a las blancas palomas
que se posan en su mano.
Corre el agua por doquier
que es una inmensa fortuna,
cristalina como es
el agua del río Luna.
Grazna el pato en el arrollo
canta el gallo en el corral,
brama la baca en el prado
por su ternero lechal.
En el monte las ovejas
balan por sus corderitos,
y en la vereda la cabra
retoza con su cabrito.
Detrás va el perro pastor
al lado del zagalejo
que ha sacado la merienda
de su zurrón de pellejo.
Alegre le salta el perro
alrededor del zurrón,
y de arriba del picacho
baja corriendo el marón.
La borrega consentida y
el borreguillo travieso,
a ellos les reparte el pan
mientras el se come el queso.
Corren alegres los niños
alrededor de la escuela,
y en las linares las yuntas
están labrando la tierra.
Canta y grita el labrador
que va detrás del arado,
y las gentiles cigüeñas
picotean en el prado.
Ya vuelven las golondrinas
a anidar en los aleros,
Y con sus trinos nos dicen
que añoraban nuestro suelo.
En el fecundo barbecho
crece vicioso el trigal
y corren los corderito
el florido tomillar.
Allá en la lejanía
cuando la tarde se acaba,
ya se sienten los cencerros
porque vuelven las majadas.
Y esperando su mamáda
ya balan los corderitos
y en el corral la gallina
ya recogió sus pollitos
En los últimos fulgores
de la tarde soleada
se oye el canto de los grillos
y el gorjeo de las ranas.
Niñas que juegan al corro
en la tarde perfumada,
y en la torre de la iglesia
ya repican las campana.
Así entre tanta armonía
en un bendito sosiego
se oscurece poco a poco
el hermoso azul del cielo.
Tiende la noche su manto
y en el hogar de la casa
cómo abren el apetito
las sazonadas patatas.
Y los ahumados jamones
colgados en la cocina,
¡Y la ristras de chorizos,
Y las piernas de cecina!.
Y con todas esas cosas
preparando el paladar,
se está rezando el rosario
para ponerse a cenar.
Chisporrotean los troncos
que arden en el hogar,
y al lecho blanco y mullido
que convida a descansar.
En la quietud de la noche,
en su silencio profundo,
piensa la madre en sus hijos
esparcidos por el mundo.
Y añorando sus caricias
y llorando su desvió,
va humedeciendo la almohada
como a la flor el roció.
Y así llorando y rezando
dormida se queda ya
porque vela por sus hijos
la Virgen de la Piedad.
Y cantan los ruiseñores
que anidan en los zarzales,
y así transcurre la vida
en este pueblo chiquito
tan bonito que es Canales.
Guadalupe López Díez
Mi pueblo está en las montañas
en los montes de León
a orillas del río Luna.
Es un paisaje precioso
y aunque el pueblo es pequeñito
para mi no hay en el mundo
otro que sea tan bonito.
Pues guarda para sus hijos
de los años al través
lo que más vale en el mundo
recuerdos de la niñez.
Es hermoso en primavera
cuando renacen las flores
y los montes y los prados
se visten de mil colores.
Pues se mezclan los claveles
y amarillas campanitas,
las moradas violetas
y las blancas margaritas.
El olor de los tomillos
el color de los rosales,
y los árboles en flor
de los cotos escolares.
En el molino el parral
crece con la madreselva
y se arrullan las palomas
con el “run, run” de las piedras.
El molinero Francisco
de flor de trigo manchado
silva a las blancas palomas
que se posan en su mano.
Corre el agua por doquier
que es una inmensa fortuna,
cristalina como es
el agua del río Luna.
Grazna el pato en el arrollo
canta el gallo en el corral,
brama la baca en el prado
por su ternero lechal.
En el monte las ovejas
balan por sus corderitos,
y en la vereda la cabra
retoza con su cabrito.
Detrás va el perro pastor
al lado del zagalejo
que ha sacado la merienda
de su zurrón de pellejo.
Alegre le salta el perro
alrededor del zurrón,
y de arriba del picacho
baja corriendo el marón.
La borrega consentida y
el borreguillo travieso,
a ellos les reparte el pan
mientras el se come el queso.
Corren alegres los niños
alrededor de la escuela,
y en las linares las yuntas
están labrando la tierra.
Canta y grita el labrador
que va detrás del arado,
y las gentiles cigüeñas
picotean en el prado.
Ya vuelven las golondrinas
a anidar en los aleros,
Y con sus trinos nos dicen
que añoraban nuestro suelo.
En el fecundo barbecho
crece vicioso el trigal
y corren los corderito
el florido tomillar.
Allá en la lejanía
cuando la tarde se acaba,
ya se sienten los cencerros
porque vuelven las majadas.
Y esperando su mamáda
ya balan los corderitos
y en el corral la gallina
ya recogió sus pollitos
En los últimos fulgores
de la tarde soleada
se oye el canto de los grillos
y el gorjeo de las ranas.
Niñas que juegan al corro
en la tarde perfumada,
y en la torre de la iglesia
ya repican las campana.
Así entre tanta armonía
en un bendito sosiego
se oscurece poco a poco
el hermoso azul del cielo.
Tiende la noche su manto
y en el hogar de la casa
cómo abren el apetito
las sazonadas patatas.
Y los ahumados jamones
colgados en la cocina,
¡Y la ristras de chorizos,
Y las piernas de cecina!.
Y con todas esas cosas
preparando el paladar,
se está rezando el rosario
para ponerse a cenar.
Chisporrotean los troncos
que arden en el hogar,
y al lecho blanco y mullido
que convida a descansar.
En la quietud de la noche,
en su silencio profundo,
piensa la madre en sus hijos
esparcidos por el mundo.
Y añorando sus caricias
y llorando su desvió,
va humedeciendo la almohada
como a la flor el roció.
Y así llorando y rezando
dormida se queda ya
porque vela por sus hijos
la Virgen de la Piedad.
Y cantan los ruiseñores
que anidan en los zarzales,
y así transcurre la vida
en este pueblo chiquito
tan bonito que es Canales.
Guadalupe López Díez
Yoli, no tengo palabras para expresar lo que según he ido leyendo se siente, es que revives lo que en nuestros tiempos de infancia se vivía en el pueblo, ¡que mujer tu madre...! lo llevaba muy dentro y no se, ¿cómo tenia tiempo para hacer tantas cosas...? ahora comprendo a nuestra SECRE, besos. Emilio