¡Anda, si nos han cambiado otra vez el formato! Ya están de nuevo las listitas verde.
Quely guapa, que creo que, o Maru se equivocó, o tu entendiste mal. ¿Tu no sabes lo que era el “derecho de pernada” verdad? Pues era el derecho que tenían los señores feudales de estrenar a todas las novias de su feudo, antes de la boda. O sea que llegaban al matrimonio, “catadas” y no precisamente por su futuro marido.
Lo que pagaban los mozos de fuera del pueblo, era “el piso”. Eran brutos, ¡pero no tanto!
A propósito de esto se me ocurre un chiste.
Un hombre llega a un pueblo a visitar a un amigo y le dice. –Oye, me encantaría casarme con una moza de tu pueblo. ¿Tu no podrías recomendarme alguna que sea buena moza y recatada?- El amigo le recomienda una, muy guapa ella. Y se casan.
Después de un tiempo se vuelven a encontrar. El amigo le pregunta: - ¿Qué tal, como te va? – Le contesta el amigo: - Oye muy bien, la moza muy guapa, ¡pero no era virgen! y además hace unas virguerías en la cama, que ni te cuento. -Claro, le contesta el otro, tu me pediste que fuera recatada, y en este pueblo las hay: sin catar, catadas y “recatadas”.
Hasta luego.
Yoli
Quely guapa, que creo que, o Maru se equivocó, o tu entendiste mal. ¿Tu no sabes lo que era el “derecho de pernada” verdad? Pues era el derecho que tenían los señores feudales de estrenar a todas las novias de su feudo, antes de la boda. O sea que llegaban al matrimonio, “catadas” y no precisamente por su futuro marido.
Lo que pagaban los mozos de fuera del pueblo, era “el piso”. Eran brutos, ¡pero no tanto!
A propósito de esto se me ocurre un chiste.
Un hombre llega a un pueblo a visitar a un amigo y le dice. –Oye, me encantaría casarme con una moza de tu pueblo. ¿Tu no podrías recomendarme alguna que sea buena moza y recatada?- El amigo le recomienda una, muy guapa ella. Y se casan.
Después de un tiempo se vuelven a encontrar. El amigo le pregunta: - ¿Qué tal, como te va? – Le contesta el amigo: - Oye muy bien, la moza muy guapa, ¡pero no era virgen! y además hace unas virguerías en la cama, que ni te cuento. -Claro, le contesta el otro, tu me pediste que fuera recatada, y en este pueblo las hay: sin catar, catadas y “recatadas”.
Hasta luego.
Yoli
Muy bueno, Yoli. Me estoy riendo con éste y con el del patriarca del otro día: Ni mejoda, ni empeoda, se ha mueto. Fui para la cama tirándome por los suelos. Con éste tuyo, iré hoy. Soy de efecto retardado. Gracias, preciosa por tu buen rollito. Viva Canales ¡