María Jesús, pienso que antes se cantaba muchísimo más que ahora.
Recuerdo aquellos infatigables que, al lado de la barra del bar y siempre con el vaso de vino como compañero de fatigas, cantaban aquellas asturianadas durante horas y horas en aquellas noches de cantina, empleándose a tope y echando el resto en sus felices réplicas, a juzgar por sus rostros pletóricos. La gente, consciente de que estaban cargantes, como que los disculpaban digamos por la costumbre y lo admitian ya que formaba parte del ambiente cotidiano de aquellos tiempos.
Otros cantaban en el trabajo, en las tareas del hogar las mujeres, los hombres en el campo.... y Tano, el gran Tano, en el coro de la iglesia y de que forma también. Nosotros los niños, mientras su poderosa voz se subía por las paredes de la misma, en aquella gran Novena de La Piedad, con aquel: "Por esta llaga bendita, concédenos buen Jesús, perdón de nuestros pecados y amor a tu Santa Cruz", digamos que lo vivíamos en nuestro interior y cuando él se deshacía en el canto llegando hasta incluso a sudar, lo dábamos por muy bien empleado. Aquello era de devoción. Saludos cordiales.
Recuerdo aquellos infatigables que, al lado de la barra del bar y siempre con el vaso de vino como compañero de fatigas, cantaban aquellas asturianadas durante horas y horas en aquellas noches de cantina, empleándose a tope y echando el resto en sus felices réplicas, a juzgar por sus rostros pletóricos. La gente, consciente de que estaban cargantes, como que los disculpaban digamos por la costumbre y lo admitian ya que formaba parte del ambiente cotidiano de aquellos tiempos.
Otros cantaban en el trabajo, en las tareas del hogar las mujeres, los hombres en el campo.... y Tano, el gran Tano, en el coro de la iglesia y de que forma también. Nosotros los niños, mientras su poderosa voz se subía por las paredes de la misma, en aquella gran Novena de La Piedad, con aquel: "Por esta llaga bendita, concédenos buen Jesús, perdón de nuestros pecados y amor a tu Santa Cruz", digamos que lo vivíamos en nuestro interior y cuando él se deshacía en el canto llegando hasta incluso a sudar, lo dábamos por muy bien empleado. Aquello era de devoción. Saludos cordiales.