Oración para el día sexto.
Tristísima y dolorosísima
Virgen Maria mi Señora, que viendo a vuestro difunto Jesús ya difunto, cuando parecía haber tenido ya fin sus ultrajes, observasteis se acercaban en el
Calvario unos soldados, y que uno de ellos enristrando una lanza a su sagrado costado, abrió en él una profunda llaga que penetrando hasta el corazón, se lo traspasó de parte a parte, dando salida a aquella porción de sangre y
agua, que habrían de ser labacro de nuestras culpas; haced Señora, que
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