Dios existe; pero no tiene ninguna prisa en hacerlo saber.
Al que todo lo pierde, le queda Dios todavía.
Temo a Dios, y después de Dios temo principalmente al que no le teme.
Si nos alejamos de Dios, ¿quién nos garantiza que un día un poder humano no reivindique de nuevo el derecho a decidir qué vida humana vale y cuál no vale?