EL CUIDADOR DEL
FARO. Erase una vez, en un
pueblo de la costa, un hombre al que encargaron la misión de alumbrar el faro. Con tal cometido, sus jefes le daban una vez al mes aceite para mantener la llama encendida. Todo parecía la
mar de sencillo, asi que se puso manos a la obra.
Llevaba pocos días desempeñando su trabajo a la perfecion cuando una vecina del pueblo le pidió aceite para la estufa de su
casa, que estaba
helada. El no tuvo inconveniente y le dio una garrafita. Dias después, se acerco
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