Otra construcción notable de Riolago -donde tantas hay- en la
Casa del Escribano, hecha en 1619 por una rama de la notable
familia Flórez. El nombre del
edificio se debe a la notaría instalada aquí durante mucho tiempo.
El doctor Rodríguez Fuertes se ocupó hace pocos años de restaurar el conjunto. Es una casona hidalga, tradicional de la
montaña, con su área residencial, despensas, establos,
corral,
capilla y una sala dedicada a oficina y archivo de la escribanía.
La enorme
chimenea que destaca
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