sábado, 15 de septiembre de 2012
Riolago (IV): Villa monumental (Actualizado)
Riolago se desarrolló en forma de cruz según los cuatro caminos principales. De sur a norte discurre el que viene de La Braña, atraviesa la veiga entera, vadea el Luna y sube a Robledo. De este a oeste, el viejo Camino Real viene de Villasecino, entra en Riolago por la ermita del Cristo, sale por el Palacio de los Quiñones y por la iglesia del Salvador, se acerca a Huergas, sigue por Pregame y la collada de Mena a Peñalba de los Cilleros y continúa hacia Quintanilla y Piedrafita.
El Camino Real de León a Laciana entra en Huergas a la vera de la ermita del Cristo de la Puente. Por detrás de esta ermita, otra vieja vía se dirige a Cospedal y cruza la actual carretera a la altura de La Venta.
Hacia el oeste, el Camino Real abandona Riolago pasando junto
a la iglesia parroquial de El Salvador.
Más o menos en la cruz de los caminos está el Palacio de los Quiñones.
En 1512, Suero de Quiñones de Lorenzana “El Viejo”, cabeza de una rama desgajada tiempo atrás del tronco principal de los Quiñones, casó con María Álvarez de Rabanal, fundó el Mayorazgo de Riolago y adoptó el título de Señor de la Torre Redonda de Quiñones.
De la medieval Torre Redonda no queda ni rastro. El palacio fue construido en el siglo XVI según las modernas, bellas y elegantes maneras del renacimiento.
Duerante toda la Edad Moderna, la estirpe siguió en auge. A finales del XVII, Diego de Quiñones Lorenzana fue nombrado Regidor Perpetuo de la Ciudad de León, título que agregó al mayorazgo.
En 1748, Fernando Manuel de Quiñones casó con Antonia de Abaurre y Fuertes, rica heredera de una familia navarra con grandes propiedades en la provincia de León. El matrimonio vivió en Toral de los Guzmanes, donde nació su primogénito varón, Juan Manuel, heredero del Mayorazgo de Riolago por parte de padre y del Marquesado de Montevirgen por vía materna.
En 1831 era tercer Marqués de Montevirgen don José María Quiñones de León, casado con María Francisca Santalla Álvarez Lorenzana y Osorio, hija Francisco Santalla –poderoso hacendado berciano y liberal con grandes influencias políticas- y de María Josefa González del Campillo, de una rica familia de Palacios del Sil. El tercer marqués fue diputado en Cortes, senador vitalicio por designación de Isabel II y Ministro de Hacienda en 1838.
Hacía mucho tiempo que los Quiñones apenas visitaban su bella casona de Riolago. A finales del siglo XIX, el edificio fue vendido por Fernando Quiñones de León, primer marqués de Alcedo, a don Fernando Miranda.
El nuevo propietario falleció en 1908.
El 22 de julio de 1915, un incendio arrasó el palacio. Los herederos de Miranda no supieron muy bien qué hacer con la ruina y, en 1939, Octavio Álvarez Carballo la vendió a trozos.
Durante las siguientes décadas, la incuria y el destrozo progresaron hasta que por fin, en 1977, el también vecino de Riolago don Fernando Geijo Rodríguez, localizó a los múltiples dueños, recompuso la propiedad, ya casi convertida en escombrera, y acometió las obras de reconstrucción con todo el esmero, gusto y fidelidad a la obra original, lo que mereció grandes reconocimientos.
Años después, el señor Geijo vendió el palacio a la Junta de Castilla y León regalando buena parte de su equipa, miento. Hoy, el edificio está llamado a ser la sede del Parque Natural de Babia y Luna cuando el gobierno regional tenga a bien, por fin, llevar la declaración a efecto. (Los caminos electoralistas son inescrutables).
Riolago (IV): Villa monumental (Actualizado)
Riolago se desarrolló en forma de cruz según los cuatro caminos principales. De sur a norte discurre el que viene de La Braña, atraviesa la veiga entera, vadea el Luna y sube a Robledo. De este a oeste, el viejo Camino Real viene de Villasecino, entra en Riolago por la ermita del Cristo, sale por el Palacio de los Quiñones y por la iglesia del Salvador, se acerca a Huergas, sigue por Pregame y la collada de Mena a Peñalba de los Cilleros y continúa hacia Quintanilla y Piedrafita.
El Camino Real de León a Laciana entra en Huergas a la vera de la ermita del Cristo de la Puente. Por detrás de esta ermita, otra vieja vía se dirige a Cospedal y cruza la actual carretera a la altura de La Venta.
Hacia el oeste, el Camino Real abandona Riolago pasando junto
a la iglesia parroquial de El Salvador.
Más o menos en la cruz de los caminos está el Palacio de los Quiñones.
En 1512, Suero de Quiñones de Lorenzana “El Viejo”, cabeza de una rama desgajada tiempo atrás del tronco principal de los Quiñones, casó con María Álvarez de Rabanal, fundó el Mayorazgo de Riolago y adoptó el título de Señor de la Torre Redonda de Quiñones.
De la medieval Torre Redonda no queda ni rastro. El palacio fue construido en el siglo XVI según las modernas, bellas y elegantes maneras del renacimiento.
Duerante toda la Edad Moderna, la estirpe siguió en auge. A finales del XVII, Diego de Quiñones Lorenzana fue nombrado Regidor Perpetuo de la Ciudad de León, título que agregó al mayorazgo.
En 1748, Fernando Manuel de Quiñones casó con Antonia de Abaurre y Fuertes, rica heredera de una familia navarra con grandes propiedades en la provincia de León. El matrimonio vivió en Toral de los Guzmanes, donde nació su primogénito varón, Juan Manuel, heredero del Mayorazgo de Riolago por parte de padre y del Marquesado de Montevirgen por vía materna.
En 1831 era tercer Marqués de Montevirgen don José María Quiñones de León, casado con María Francisca Santalla Álvarez Lorenzana y Osorio, hija Francisco Santalla –poderoso hacendado berciano y liberal con grandes influencias políticas- y de María Josefa González del Campillo, de una rica familia de Palacios del Sil. El tercer marqués fue diputado en Cortes, senador vitalicio por designación de Isabel II y Ministro de Hacienda en 1838.
Hacía mucho tiempo que los Quiñones apenas visitaban su bella casona de Riolago. A finales del siglo XIX, el edificio fue vendido por Fernando Quiñones de León, primer marqués de Alcedo, a don Fernando Miranda.
El nuevo propietario falleció en 1908.
El 22 de julio de 1915, un incendio arrasó el palacio. Los herederos de Miranda no supieron muy bien qué hacer con la ruina y, en 1939, Octavio Álvarez Carballo la vendió a trozos.
Durante las siguientes décadas, la incuria y el destrozo progresaron hasta que por fin, en 1977, el también vecino de Riolago don Fernando Geijo Rodríguez, localizó a los múltiples dueños, recompuso la propiedad, ya casi convertida en escombrera, y acometió las obras de reconstrucción con todo el esmero, gusto y fidelidad a la obra original, lo que mereció grandes reconocimientos.
Años después, el señor Geijo vendió el palacio a la Junta de Castilla y León regalando buena parte de su equipa, miento. Hoy, el edificio está llamado a ser la sede del Parque Natural de Babia y Luna cuando el gobierno regional tenga a bien, por fin, llevar la declaración a efecto. (Los caminos electoralistas son inescrutables).