Se quemaron los montes, se apagaron sus ojos
Tenía que llegar. Era inevitable que cualquier día el Tío Quico de Pinilla de la Valdería se cansara de abrir los ojos y se quedara en sus sueños para siempre. Ya eran 111 años.
No se apagó su alma cuando tuvo que montar en un barco siendo casi un niño para buscarse la vida en otros mundos más prósperos. No se doblegó su razón cuando tuvo que enterrar a unos vecinos que habían dejado tirados y descerrajados en el monte en la sinrazón de lo que ... (ver texto completo)
Tenía que llegar. Era inevitable que cualquier día el Tío Quico de Pinilla de la Valdería se cansara de abrir los ojos y se quedara en sus sueños para siempre. Ya eran 111 años.
No se apagó su alma cuando tuvo que montar en un barco siendo casi un niño para buscarse la vida en otros mundos más prósperos. No se doblegó su razón cuando tuvo que enterrar a unos vecinos que habían dejado tirados y descerrajados en el monte en la sinrazón de lo que ... (ver texto completo)