La quinta de los sabañones
Llegaban a las
escuelas de los
pueblos, allá por el final de curso, el inspector o la inspectora de enseñanza —visita temida— y un cura o un fraile —visita esperada—.
El señor inspector siempre era un pejiguero. Ponía nervioso al maestro, se empeñaba en que le explicáramos el misterio de la Santísima Trinidad, a sabiendas de que era un misterio, y le gustaban los
altares con
flores a María del mes de mayo. El cura o el fraile era como los mandos de la legión que captan
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