El Prao Lafuente.
Me imagino el cortejo fúnebre desfilando por las Llamas de la
Iglesia para acompañar a Angel en su último viaje por las tierras de
Folloso. Seguramente, después de dar sepultura a sus restos y después de las oraciones pertinentes por los familiares difuntos y dejada atrás la Iglesia Vieja con sus dos
capillas de
bóveda de cañón, Jacqueline, ya más sosegada, levantó la vista y contempló la serenidad transmitida por los caserones de Folloso al abrigo del frondoso robledal del Fuello.
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