"En nuestra experiencia", señala Javier San Pedro, "de las 4.500 botellas resultantes separamos 300 para sumergirlas entre cinco y seis metros bajo el mar, el resto se criarán en bodega.". Tras 180 días sumergidas en el mar -donde su contenido termina de afinarse- rodeadas de ostras y mejillones (estos últimos juegan un papel clave por su capacidad de depurar el agua que poseen para evitar infecciones al corcho) regresan a la bodega donde se les coloca la etiqueta para salir al mercado. Por cierto, ... (ver texto completo)
s importante señalar que, según algunas fuentes, estos vinos ofrecen al paladar agradables notas salinas, mayor redondez, incremento de los aromas y gustos muy frutales, especialmente en los tintos. Al parecer las aportaciones más destacadas en los vinos blancos inciden en la impronta de un carácter más espumoso.