¿No es la plaza, en sí un bello conjunto, del que en cualquier pueblo se hubiera sentido orgulloso de tener tan fenomenales árboles, con tan buena planta, e incluso hubieran buscado algún tipo de protección para que no se pudieran destruir, dado el caso que alguien quisiera atentar contra su vida? Pudiera ser la plaza, motivo de visita, porque en realidad lo es. Acampan peregrinos de todos los países, y les gusta muchísimo como a mi me han dicho en numerosas ocasiones. ¡Qué abeto, secuoyas, y ciprés ... (ver texto completo)