Aprendíamos a escribir en pizarras del tamaño de una hoja, hechas con piedra de pizarra negra y un marco de madera al que se sujetaba con un cordel el borrador de trapo. Se escribía con un pizarrín que podía ser de pizarra o más blando, denominado “de manteca“. Cualquiera de los dos tipos de pizarrín producía un chirrido que erizaba el pelo de los brazos. Se borraba echando saliva y frotando con el trapo. Había que aprender a producir saliva en cantidad, para lo que frotábamos la parte interior de ... (ver texto completo)
Superada la etapa de la pizarra, pasábamos a escribir con un lapicero que afilábamos con cuchillas de afeitar. Finalmente, pasábamos a escribir con plumilla y tinta que fabricábamos nosotros mismos con polvos y agua, bajo la supervisión del maestro o de los mayores. La plumilla se insertaba en un palillero de madera y las había de diferentes tipos. La plumilla normal, la de pata de ganso, la de hacer letra gótica y así. Había que manejarlas con un buen juego de muñeca y controlando bien la presión, ... (ver texto completo)