MARIANO DÍEZ TOBAR
Nació en Tardajos en el 1868, cuando en el país corrían vientos desamortizadores de las propiedades eclesiásticas y murió en 1926 en León, mientras impartía unos ejercicios espirituales en un convento de monjas.
Fue, sin duda, un hombre de fe auténtica, pero hubo más. Además de ser el Primer Padre Paúl Tardajeño, poseyó una personalidad genial. Fue sabio, investigador, científico e inventor.
No pudo patentar ningún invento, ya que su fe, por aquel entonces, no se lo permitió.
Su invento estrella, por otra parte, era considerado “maligno” a los ojos de la iglesia. De dudosa reputación para un padre santo, que además se vio en la necesidad de defender los libros que leía con estas palabras textuales: “No, querido Padre Visitador, no tengo libro alguno de hereje ni tampoco que esté en el “Indice”. Las obras filosóficas y científicas que más leo son: Santo Tomás, Suárez, Balmes, González (estudios filosóficos) y la filosofía lacense. Sí tengo, la Ideología de Rosmini, pero es una edición purgada de las proposiciones antológicas. Las obras de Física y de Matemáticas que estudio y manejo a diario me parece que no ofrecerán peligro alguno de contagio”.
Aún así escribió, dio charlas científico- literarias a sus alumnos, y a toda aquella persona dispuesta a escuchar y tomar buena nota de sus conocimientos.
Se sabe que a estas tertulias acudieron en varias ocasiones los Hermanos Lumiere, los inventores del cine, quienes sí supieron, y pudieron sacar provecho de los estudios del buen padre tardajeño, Mariano Díez.
Ellos no tenían ataduras morales; y así pudo ser Francia la agraciada por el invento de nuestro singular religioso. Tuvieron el detalle de invitarle a la primera sesión cinematográfica española que tuvo lugar en 1895, como premio a sus apuntes.
Le debió dar lo mismo la titularidad del descubrimiento, en tanto, saliera a la luz y produjese avances sociales y culturales.
También se interesó por facilitar a las mujeres diversos artilugios para el uso doméstico. Incluso podría ser el precursor de los electrodomésticos de hoy día.
Pero para mí su máxima genialidad consistió en intentar dilucidar la Nueva Lengua para los Sabios, la Nueva Escritura para todas las Lenguas y la Nueva Pluma para todas las Escrituras. Se trata de un libro condensado en ochenta páginas que sin duda fue aprovechado también por quienes lo conocieran y quisieron estimar su gran sabiduría. No salpicó a Tardajos ni un ápice de aquello porque quizás su genialidad aquí pasó desapercibida. No hay vestigio de su paso por Tardajos, y ni siquiera su partida de nacimiento. ¿Cómo íbamos a tener aquí el libro en cuestión?, del que se sabe que escribió pero no dónde se encuentra. Un trabajo, su búsqueda.
Precisamente salió de su propio pueblo en medio de una gran incomprensión, acusándole incluso de no ser buen profesor. Culpándole de los pocos alumnos que tuvo el centro en el último año; e incluso, de un suicidio por parte de uno de los alumnos. ¿Por eso no hay en el pueblo un lugar para él tampoco en el Registro Civil?, pensé Como si su rastro se lo hubiera tragado la tierra y hubiera que sacarlo a fuerza de prestidigitación
En otros lugares demostró ampliamente su valía. Por ejemplo, en Villafranca del Bierzo, deleitando a sus alumnos y comunicando su ciencia a sus avispados oyentes.
A Pedro Santamaría, otro tardajeño de menos clase, se le calificó de solitario, “cascarrabias”, desarrapado y alcohólico en su mismo pueblo. Fue hallado en Francia, sin familiares franceses ni españoles conocidos. Nadie le reclamó. Francia le dio un entierro digno. Era de Tardajos, y al pueblo se le dio la noticia, pero no se le facilitó una sepultura porque costaba mucho dinero y Tardajos no lo tenía.
Pero es evidente que Pedro Santamaría, aquí tampoco pudo desarrollar su personalidad. A veces, a las personas, se las encasilla en todos los niveles, incluso desde su más tierna infancia. No permitiéndoles que demuestren sus cambios. Se etiquetan y ya después no hay quien les quite el sambenito ése con que creció. Unas veces son torpes, traviesos, locos o estrambóticos. Vamos, que no son normales a los ojos de los mediocres. Que si es verdad que tienen algún defecto, en vez de hacerles la vida imposible, les pudieran ayudar a solucionar sus conflictos.
Desgraciadamente, en la actualidad esto pasa con frecuencia. Las personas que son diferentes, que se salen de lo común, por exceso o defecto, también sufren incomprensión, o son víctimas de una dañina envidia.
Alego en su favor que la soledad a que se ven sometidas, no tiene por qué ser negativa. Les puede invitar a la reflexión, y a la comunicación consigo mismas, lejos del aislamiento a que intentan someterles.
Así se producen riquezas que no se encuentran al alcance de personas simples. Que no entendamos a alguien, no quiere decir que esa persona incurra en bajeza. Simplemente, que no estamos a su altura.
Volviendo a la memoria de Mariano Díez Tobar debo decir en su honor y con orgullo que declaraba “la ciencia matemática, en su más allá, en el desarrollo que exige su íntima naturaleza, es la llamada a poner el puente sobre el mundo material y el ideal”.
¿Seremos capaces, algún día, de estar a su altura? Si queremos conseguirlo hay que empezar por considerarlo nuestro. Sería el primer paso. ¿Una persona tan singular y de mentalidad tan elevada no merece ser hijo predilecto, una placa, el nombre de una calle, una simple misa en su recuerdo, por su paso por el pueblo que le vio nacer y que le ignoró como persona? Todavía hay tiempo de subsanar el error a título póstumo.
Varios periodistas expusieron su vida y obras y yo quise darle otro toque personal de apreciación que aquí no tenía.
Esto escribí para Diario de Burgos pero la carta era demasiada larga, la tuve que reducir y se publicó, pero lo fundamental se expuso con la finalidad de concienciarnos de su importancia y realzar su figura.
Posteriormente, indagué, y encontré la partida de su bautismo en los Archivos del Arzobispado de Burgos que ya he expuesto anteriormente. ¿Qué menos que una partida de nacimiento o de Bautismo? Para un genio incomprendido como lo fue en su época, y por muchas razones. El mundo, los países, los pueblos no son únicamente de los mediocres; pertenecen a todos en sus distintas categorías y distintas escalas sociales.
C. García / Tardajos
Nació en Tardajos en el 1868, cuando en el país corrían vientos desamortizadores de las propiedades eclesiásticas y murió en 1926 en León, mientras impartía unos ejercicios espirituales en un convento de monjas.
Fue, sin duda, un hombre de fe auténtica, pero hubo más. Además de ser el Primer Padre Paúl Tardajeño, poseyó una personalidad genial. Fue sabio, investigador, científico e inventor.
No pudo patentar ningún invento, ya que su fe, por aquel entonces, no se lo permitió.
Su invento estrella, por otra parte, era considerado “maligno” a los ojos de la iglesia. De dudosa reputación para un padre santo, que además se vio en la necesidad de defender los libros que leía con estas palabras textuales: “No, querido Padre Visitador, no tengo libro alguno de hereje ni tampoco que esté en el “Indice”. Las obras filosóficas y científicas que más leo son: Santo Tomás, Suárez, Balmes, González (estudios filosóficos) y la filosofía lacense. Sí tengo, la Ideología de Rosmini, pero es una edición purgada de las proposiciones antológicas. Las obras de Física y de Matemáticas que estudio y manejo a diario me parece que no ofrecerán peligro alguno de contagio”.
Aún así escribió, dio charlas científico- literarias a sus alumnos, y a toda aquella persona dispuesta a escuchar y tomar buena nota de sus conocimientos.
Se sabe que a estas tertulias acudieron en varias ocasiones los Hermanos Lumiere, los inventores del cine, quienes sí supieron, y pudieron sacar provecho de los estudios del buen padre tardajeño, Mariano Díez.
Ellos no tenían ataduras morales; y así pudo ser Francia la agraciada por el invento de nuestro singular religioso. Tuvieron el detalle de invitarle a la primera sesión cinematográfica española que tuvo lugar en 1895, como premio a sus apuntes.
Le debió dar lo mismo la titularidad del descubrimiento, en tanto, saliera a la luz y produjese avances sociales y culturales.
También se interesó por facilitar a las mujeres diversos artilugios para el uso doméstico. Incluso podría ser el precursor de los electrodomésticos de hoy día.
Pero para mí su máxima genialidad consistió en intentar dilucidar la Nueva Lengua para los Sabios, la Nueva Escritura para todas las Lenguas y la Nueva Pluma para todas las Escrituras. Se trata de un libro condensado en ochenta páginas que sin duda fue aprovechado también por quienes lo conocieran y quisieron estimar su gran sabiduría. No salpicó a Tardajos ni un ápice de aquello porque quizás su genialidad aquí pasó desapercibida. No hay vestigio de su paso por Tardajos, y ni siquiera su partida de nacimiento. ¿Cómo íbamos a tener aquí el libro en cuestión?, del que se sabe que escribió pero no dónde se encuentra. Un trabajo, su búsqueda.
Precisamente salió de su propio pueblo en medio de una gran incomprensión, acusándole incluso de no ser buen profesor. Culpándole de los pocos alumnos que tuvo el centro en el último año; e incluso, de un suicidio por parte de uno de los alumnos. ¿Por eso no hay en el pueblo un lugar para él tampoco en el Registro Civil?, pensé Como si su rastro se lo hubiera tragado la tierra y hubiera que sacarlo a fuerza de prestidigitación
En otros lugares demostró ampliamente su valía. Por ejemplo, en Villafranca del Bierzo, deleitando a sus alumnos y comunicando su ciencia a sus avispados oyentes.
A Pedro Santamaría, otro tardajeño de menos clase, se le calificó de solitario, “cascarrabias”, desarrapado y alcohólico en su mismo pueblo. Fue hallado en Francia, sin familiares franceses ni españoles conocidos. Nadie le reclamó. Francia le dio un entierro digno. Era de Tardajos, y al pueblo se le dio la noticia, pero no se le facilitó una sepultura porque costaba mucho dinero y Tardajos no lo tenía.
Pero es evidente que Pedro Santamaría, aquí tampoco pudo desarrollar su personalidad. A veces, a las personas, se las encasilla en todos los niveles, incluso desde su más tierna infancia. No permitiéndoles que demuestren sus cambios. Se etiquetan y ya después no hay quien les quite el sambenito ése con que creció. Unas veces son torpes, traviesos, locos o estrambóticos. Vamos, que no son normales a los ojos de los mediocres. Que si es verdad que tienen algún defecto, en vez de hacerles la vida imposible, les pudieran ayudar a solucionar sus conflictos.
Desgraciadamente, en la actualidad esto pasa con frecuencia. Las personas que son diferentes, que se salen de lo común, por exceso o defecto, también sufren incomprensión, o son víctimas de una dañina envidia.
Alego en su favor que la soledad a que se ven sometidas, no tiene por qué ser negativa. Les puede invitar a la reflexión, y a la comunicación consigo mismas, lejos del aislamiento a que intentan someterles.
Así se producen riquezas que no se encuentran al alcance de personas simples. Que no entendamos a alguien, no quiere decir que esa persona incurra en bajeza. Simplemente, que no estamos a su altura.
Volviendo a la memoria de Mariano Díez Tobar debo decir en su honor y con orgullo que declaraba “la ciencia matemática, en su más allá, en el desarrollo que exige su íntima naturaleza, es la llamada a poner el puente sobre el mundo material y el ideal”.
¿Seremos capaces, algún día, de estar a su altura? Si queremos conseguirlo hay que empezar por considerarlo nuestro. Sería el primer paso. ¿Una persona tan singular y de mentalidad tan elevada no merece ser hijo predilecto, una placa, el nombre de una calle, una simple misa en su recuerdo, por su paso por el pueblo que le vio nacer y que le ignoró como persona? Todavía hay tiempo de subsanar el error a título póstumo.
Varios periodistas expusieron su vida y obras y yo quise darle otro toque personal de apreciación que aquí no tenía.
Esto escribí para Diario de Burgos pero la carta era demasiada larga, la tuve que reducir y se publicó, pero lo fundamental se expuso con la finalidad de concienciarnos de su importancia y realzar su figura.
Posteriormente, indagué, y encontré la partida de su bautismo en los Archivos del Arzobispado de Burgos que ya he expuesto anteriormente. ¿Qué menos que una partida de nacimiento o de Bautismo? Para un genio incomprendido como lo fue en su época, y por muchas razones. El mundo, los países, los pueblos no son únicamente de los mediocres; pertenecen a todos en sus distintas categorías y distintas escalas sociales.
C. García / Tardajos