Entre finales de los ochenta y principios de los noventa estuve ocupado en recoger los signos lapidarios de los monumentos medievales más conocidos de Burgos, iglesias, castillos, puentes etc. ¡Ahí es nada! Fue tanta la cantidad de signos que llegué a almacenar en dos años de rebusca que luego no supe qué hacer con ellos. El asunto me desbordó, por lo que decidí posponer cualquier estudio y guardar las marcas en carpetas que ahora no sé donde pueden estar, seguramente que perdidos en el desván. De ... (ver texto completo)