Salvo las cartillas en las que hacíamos las muestras de caligrafía, los libros de cada grupo pasaban de un año para otro a los nuevos que accedían al nivel. Para prolongar su vida, lo que teníamos que hacer el primer día de curso con el catón o enciclopedia que te tocaba, era forrarlo en casa con papel, que solía ser de periódico. Y si el libro estaba muy deteriorado tenias que encuadernarlo. Para ello se hacia un engrudo con agua y harina con el que se pegaba una tela al lomo del libro y a las pastas. ... (ver texto completo)
Aprendíamos a escribir en pizarras del tamaño de una hoja, hechas con piedra de pizarra negra y un marco de madera al que se sujetaba con un cordel el borrador de trapo. Se escribía con un pizarrín que podía ser de pizarra o más blando, denominado “de manteca“. Cualquiera de los dos tipos de pizarrín producía un chirrido que erizaba el pelo de los brazos. Se borraba echando saliva y frotando con el trapo. Había que aprender a producir saliva en cantidad, para lo que frotábamos la parte interior de ... (ver texto completo)