A partir de la primera media hora, estar de rodillas era una tortura, por mucho entrenamiento que tuviéramos en arrodillarnos en la iglesia con tanta Misa y tanto Rosario a los que entonces asistíamos. Cuando creíamos que el maestro no nos veía, nos sentábamos sobre los talones con lo que entonces te dolían los dedos de los pies y los mismos talones. Y que decir de sujetar los libros en las palmas de las manos con los brazos extendidos. Encogíamos los brazos intentando que los codos nos llegaran ... (ver texto completo)
Salvo las cartillas en las que hacíamos las muestras de caligrafía, los libros de cada grupo pasaban de un año para otro a los nuevos que accedían al nivel. Para prolongar su vida, lo que teníamos que hacer el primer día de curso con el catón o enciclopedia que te tocaba, era forrarlo en casa con papel, que solía ser de periódico. Y si el libro estaba muy deteriorado tenias que encuadernarlo. Para ello se hacia un engrudo con agua y harina con el que se pegaba una tela al lomo del libro y a las pastas. ... (ver texto completo)