—Me río de vosotras, estrellas de la noche, porque todos vuestros fulgores
son brillos inconscientes, bellas explosiones de ira incontrolada.
Me río de vosotras porque no poseéis la voluntad de poder sobreponeros
a vuestros ingentes impulsos despiadados.
Me río de vosotras, porque desconocéis vuestros propios fulgores
y la fuerza ingente de una diminuta voluntad humana, firmemente determinada.
Siendo yo infinitamente más pequeño, mi grandeza es superior
... (ver texto completo)
¡Que haya tanta decisión, resolución y heroísmo
en el pobre corazón de los humanos!
¡Me
río de vosotras porque desconocéis el amor de la sangre caliente
que alimenta mis venas y que riega mi cerebro!
¡Me río de vosotras porque no sabéis distinguir la diferencia entre un SÍ y un NO, decisión capaz de soliviantar el orden del universo!
¡Tendré siempre presente que mi grandeza,
reside en la fuerza extraña de mi diminuta y humana voluntad!