En otro tiempo esta parcela era un conjunto de pequeñas fincas ("piezas") llenas de manzanos. Con la concentración Parcelaria desaparecieron todos.
Panorámica del barrio de El Castillo con sus edificaciones más diversas.
Cartel informativo de la localidad situado a la entrada del pueblo viniendo por la carretera de Llano de Bureba.
Hoy rugía el Oca, transportando agua hasta las cartolas. Bravo y trabajador como nunca, todo era agua embravecida pero con las riendas controladas. Los sauces esquinados, a media hasta de agua rabiosa.

De repente, suena un estruendo; es un trozo de orilla que cae en la vorágine de la turbulencia y luego es el crujido crepitante de un añoso chopo que se derrumba cual gigante abatido. Era la naturaleza en todo su clímax. Mientras la abubilla sigue con su bu-bu, bu-bu, una y otra vez repetido, ajena, ... (ver texto completo)
Guindos a tope de flor.
Si el tiempo acompaña, cosecha asegurada. Aunque en el campo como en la vida, sólo una cosa es segura. ¿La adivinas?
¿Te apetece estirarte por el suelo rodeado de estas sencillas florecillas?
A mi, sí.
Hace ya una eternidad que no subo a la torre de la iglesia por su empinada escalera de caracol.

El campanario se suele visitar cuando se tocan las campanas en algún funeral.

Bodas y bautizos... ¡hay muy pocos!
Huertas medio abandonados en El Plantío y aledaños.

Sólo, los chopos crecen a sus anchas sin importarles nada la naturaleza salvaje de se alrededor.
Las chimeneas "escupen" humo: símbolo de vida en el pueblo.
Corta calle de esta localidad.
Esperando la próxima fiesta de San Bartolomé a finales de agosto.
Cielo nublado con algunos claros.
Calles vacías; puertas y ventanas cerradas.
Imagen para el recuerdo.
Lejos queda el trajín de carros, los gritos de niños y las conversaciones en voz alta de los mayores.
Tiempos que ya no volverán.
Agua que discurre por un cauce invadido de plantas.
En otros tiempos, plagado de ricos cangrejos autóctonos.
Árboles en flor frente a una valla que limita el paso.