Guindos a tope de flor.
Si el tiempo acompaña, cosecha asegurada. Aunque en el campo como en la vida, sólo una cosa es segura. ¿La adivinas?
¿Te apetece estirarte por el suelo rodeado de estas sencillas florecillas?
A mi, sí.
Hace ya una eternidad que no subo a la torre de la iglesia por su empinada escalera de caracol.

El campanario se suele visitar cuando se tocan las campanas en algún funeral.

Bodas y bautizos... ¡hay muy pocos!
Huertas medio abandonados en El Plantío y aledaños.

Sólo, los chopos crecen a sus anchas sin importarles nada la naturaleza salvaje de se alrededor.
Las chimeneas "escupen" humo: símbolo de vida en el pueblo.
Corta calle de esta localidad.
Esperando la próxima fiesta de San Bartolomé a finales de agosto.
Cielo nublado con algunos claros.
Calles vacías; puertas y ventanas cerradas.
Imagen para el recuerdo.
Lejos queda el trajín de carros, los gritos de niños y las conversaciones en voz alta de los mayores.
Tiempos que ya no volverán.
Agua que discurre por un cauce invadido de plantas.
En otros tiempos, plagado de ricos cangrejos autóctonos.
Árboles en flor frente a una valla que limita el paso.
No dejo de admirar esta foto.
El centro del pueblo metido en "un puño". Parece como si las calles hubieran desaparecido y las casas estuvieran todas pegadas unas con otras.
A la izquierda de esta foto se ve un árbol en forma de pino. Es el clásico árbol de bolas rojas de navidad. Se llama... ¡A ver quien lo sabe y nos contesta en la Web?
Hermosilla no es un pueblo de almendros. Los pocos que hay están medio abandonados en el campo, en las lindes de las parcelas o en las laderas. Rico fruto para los días de frío invernal.
La foto no es bonita; pero el simbolismo de la pared de adobe lo dice todo en cuanto al material de construcción de los edificios más viejos de la localidad.