Los cristales ahumados del eclipse
y el fuego prometeico ante el espejo.
No deberé quemarlo — ¿mi distancia?—,
mientras hierva el misterio en las pupilas
que intento reflejar como dos pálpitos.
No deberé quemarlo para verme,
si no existo detrás ni en el reflejo,
sino contra lo vivo de las llamas convulsas,
contra lo permanente que se está imaginando
para anular el mito de mis ojos.
y el fuego prometeico ante el espejo.
No deberé quemarlo — ¿mi distancia?—,
mientras hierva el misterio en las pupilas
que intento reflejar como dos pálpitos.
No deberé quemarlo para verme,
si no existo detrás ni en el reflejo,
sino contra lo vivo de las llamas convulsas,
contra lo permanente que se está imaginando
para anular el mito de mis ojos.
¿Naturaleza muerta?
Por el marco,
todo son frutas pútridas o verdes;
es la continuidad de ese pasillo
donde juego a las idas y las vueltas
de lo que soy yo mismo y mi centrífuga;
la tabla salvadora de las lenguas
que se vuelven de plomo entre lo oscuro.
Por el marco,
todo son frutas pútridas o verdes;
es la continuidad de ese pasillo
donde juego a las idas y las vueltas
de lo que soy yo mismo y mi centrífuga;
la tabla salvadora de las lenguas
que se vuelven de plomo entre lo oscuro.