Cuando se pregunta entre nuestros amigos o a los miembros del hogar a sus miembros sobre colaborar con algo, o hacer una tarea, lo más fácil es decir no. De primera intención, como que se tiene en la punta de la lengua la palabra no.
Como que la especie humana de primera intención tiene un aspecto negativo, pero, cuando se toma conciencia, todos somos capaces de ver solo el bien. Esto implica que el ser humano aprende bajo el concepto de prueba y error.
Por ello, debemos comprender que significa ser positivo y como conservar la actitud positiva.
Sin embargo, a pesar de que se aprende de los errores, hacer el mal es más fácil que hacer el bien y mantiene su persistencia por periodos prolongados.
La guerra por ejemplo, no se puede entender como no se puede extinguir y sobretodo que muchas de ellas tienen un entorno religioso, en donde hasta los dioses se encuentra de por medio.
En otro ejemplo, para la construcción de un edificio de 10 o más pisos, se demora mucho tiempo en construirse, meses o años, pero demolerlo, basta con 10 segundos. El bien demora mucho tiempo, la construcción, los proyectos, los sueños realizados. Al mal, a la destrucción, le hace falta pocos segundos.
De continuo se ven a grandes edificios que se demuelen con explosivos, con una rapidez increible, que de ninguna manera se puede emular esta rapidez para construirlo. De la misma manera, nuestra vida se construye día a día, semana tras semana, pero similarmente a los explosivos, se puede venir abajo en varios aspectos de ésta.
La paz en la familia, en el trabajo, en el país, se demora años en estabilizarse y basta una palabra o una frase mal dicha para se rompa la armonía. La paz de los países vecinos es muy fragil y basta un mal entendido para que estalle un conflicto que puede arrastrar a millones de personas con pérdidas irreparables.
Toda una vida de esfuerzos puede terminar con un solo hecho o apenas una palabra mal dicha. Muchos años de trabajo pueden acabar en un instante por acción del mal.
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