Hay que ver los zapatos quietos, los zapatos solitarios de las noches de Reyes, y la mano hurgando en los bolsillos para encontrar el peso que compre la sonrisa. Un peso que sólo compra una desilusión. -Los Reyes nunca me traen lo que les pido...! la bicicleta se la pusieron al chico de la otra cuadra! y uno se traga las lágrimas. Y uno alza los ojos y pide cosas. Y reza. Y se olvida de rezar. Y vuelve a inaugurar el padrenuestro... Y uno se olvida de las palabras de amor para María... Y un día se ... (ver texto completo)
