Una tarde antes del final de nuestras vacaciones, me acerqué a la cocina, aquella cocina con horno de barro era el santuario de mi abuelita, todo estaba ahí en perfecto orden y siempre había un delicioso olor a café.
Mi abuelita preparaba algo para cocinar y me senté por ahí, observándola, después de unos momentos le dije: Abuelita, si esa tarada de Eva no hubiera pecado, usted no tendría que trabajar, y mi hermanita no tendría gripe, y viviríamos todos en el campo, comiendo fruta y jugando con
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La mujer es y siempre será capaz de confiar, de creer ciegamente, y quizás todo lo pierda al ser traicionada, pero es un precio que siempre está dispuesta a pagar, porque la mujer cuando entrega su confianza, su
amistad y su amor, lo hace sin reserva.
Y si, existe una conexión muy profunda entre Dios y la mujer, la mujer confió en la serpiente, Dios ha confiado en el ser humano.
El ser humano sería más
feliz, si a su vez, confiara plenamente en Dios