Ya tenemos a las dos caballerías uncidas con el “ubio”, que con unas sogas dispuestas para que no se rozaran, se ataban a un travesaño, y éste con una argolla, se unía a un gancho que llevaba el
trillo y en estas condiciones empezaban los animales a dar vueltas a la parva, al medio día, tanto los animales como las personas descansaban, no les hacía falta
reloj, tampoco los había y menos de pulsera, cuando en la
fachada este de la
torre empezaba a ponerse en
sombra, era medio día, en aquel momento
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