¡No ¡¡No me hagas hablar ¡
mientras se cruzan sus miradas
en la silenciosa tarde
con presagio de desgracias,
insistiendo el poeta
y la gitana, espantada,
huir quiere de allí
cuando más fuerte la agarra.
Forcejea y no la suelta,
gritando desesperada
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- ¡No ¡, gitana, no me dejes
con esta angustia que mata
que yo sólo no me atrevo
y es muy pesada la carga.
No me abandones ahora
que mi cuerpo no descansa
y tú hubieras conseguido
llevar la paz a mi alma,
que, la pena compartida,
es más ligera y liviana.
¡Gitana, respóndeme ¡
¡Háblame, gitana.......... ¡
......... con los ojos extraviados
y en el infinito la mirada
........... el poeta, con un nudo
de dolor en su garganta
y desencajado el rostro,
por donde corren las lágrimas,
la deposita en el suelo
ya muerta y helada.
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