LA GITANA Y EL POETA
¡Eh ¡¡Señorito ¡¡Resalao ¡
¿Me deja que esta gitana
le diga la buenaventura
en esa mano tan blanca?
¡Uh ¡¡Larga vida, señorito,
me lo dicen estas rayas ¡
¡Será usté un gran poeta,
esta gitana no engaña ¡
Las rayas de su mano
lo dicen de forma clara.
Tié usté una mujé que le quiere
y dos hijas mu guapas.
¡Eh ¡¡Señorito ¡¡Resalao ¡
¿Me deja que esta gitana
le diga la buenaventura
en esa mano tan blanca?
¡Uh ¡¡Larga vida, señorito,
me lo dicen estas rayas ¡
¡Será usté un gran poeta,
esta gitana no engaña ¡
Las rayas de su mano
lo dicen de forma clara.
Tié usté una mujé que le quiere
y dos hijas mu guapas.
Mas........... la sombra de una duda
se le nota en la cara,
y veo unos crespones negros
en su frente nacarada.
¿Qué le pasa al señorito
que mira así a esta gitana
y que sus pensamientos
desvela con su mirada?
En su interior el poeta,
de forma mal disimulada,
lo que a decir no se atreve,
se lo comunica a la gitana,
y con fuerza magnética
va descubriendo su alma.
se le nota en la cara,
y veo unos crespones negros
en su frente nacarada.
¿Qué le pasa al señorito
que mira así a esta gitana
y que sus pensamientos
desvela con su mirada?
En su interior el poeta,
de forma mal disimulada,
lo que a decir no se atreve,
se lo comunica a la gitana,
y con fuerza magnética
va descubriendo su alma.
La gitana se horroriza
y queda muda, sin habla,
negándose a seguir
y a leer en sus rayas,
soltando la mano del poeta
visiblemente espantada.
Por los hombros, el poeta,
la sujeta con sus garras,
obligándola a que hable,
insistente y con ansia,
de confesar su pasado,
sus dudas y su carga
que, en las noches, le desvela
con honda pena en su alma.
y queda muda, sin habla,
negándose a seguir
y a leer en sus rayas,
soltando la mano del poeta
visiblemente espantada.
Por los hombros, el poeta,
la sujeta con sus garras,
obligándola a que hable,
insistente y con ansia,
de confesar su pasado,
sus dudas y su carga
que, en las noches, le desvela
con honda pena en su alma.
¡Dime, gitana, sigue ¡
¡Habla, gitana, habla ¡
Que mi alma ya no puede
con esta pesada carga.
-No. No puedo. ¡No ¡. ¡No ¡
la gitana grita desesperada,
resistiéndose entre los brazos,
que, con fuerza, la atenazan
y el poeta, enfurecido,
con un nudo en la garganta,
insiste nuevamente
y la gitana calla, no habla,
con la desesperación en su rostro
y la mirada extraviada.
¡Habla, gitana, habla ¡
Que mi alma ya no puede
con esta pesada carga.
-No. No puedo. ¡No ¡. ¡No ¡
la gitana grita desesperada,
resistiéndose entre los brazos,
que, con fuerza, la atenazan
y el poeta, enfurecido,
con un nudo en la garganta,
insiste nuevamente
y la gitana calla, no habla,
con la desesperación en su rostro
y la mirada extraviada.
¡No ¡¡No me hagas hablar ¡
mientras se cruzan sus miradas
en la silenciosa tarde
con presagio de desgracias,
insistiendo el poeta
y la gitana, espantada,
huir quiere de allí
cuando más fuerte la agarra.
Forcejea y no la suelta,
gritando desesperada
.......... y de las manos del poeta
el cuerpo de la gitana,
blandamente cae al suelo
sin vida, sin voz y sin habla.
mientras se cruzan sus miradas
en la silenciosa tarde
con presagio de desgracias,
insistiendo el poeta
y la gitana, espantada,
huir quiere de allí
cuando más fuerte la agarra.
Forcejea y no la suelta,
gritando desesperada
.......... y de las manos del poeta
el cuerpo de la gitana,
blandamente cae al suelo
sin vida, sin voz y sin habla.
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