Y pensar que pudimos enlazar nuestras manos y apurar en un beso la comunión de fértiles veranos...
¿Es posible que a pesar de las invenciones y progresos, a pesar de la cultura, la religión y el conocimiento del universo, se haya permanecido en la superficie que, después de todo, aún habrá sido algo; que se le haya recubierto de un tejido increíblemente aburrido, que le hace parecerse a muebles de
salón en vacaciones de
verano?