—Me
río de vosotras, estrellas de la
noche, porque todos vuestros fulgores
son brillos inconscientes, bellas explosiones de ira incontrolada.
Me río de vosotras porque no poseéis la voluntad de poder sobreponeros
a vuestros ingentes impulsos despiadados.
Me río de vosotras, porque desconocéis vuestros propios fulgores
y la fuerza ingente de una diminuta voluntad humana, firmemente determinada.
Siendo yo infinitamente más pequeño, mi grandeza es superior
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