Sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible curar a un hombre enfermo de su soledad
BUENAS NOCHES, P. S.
Un Saludo muy afectuoso para todos
Otro día de mañana
Todo así fue acabado.
Ya sacaban a Carloto
Con los fierros muy ferrado,
Los pregoneros delante
Su gran maldad publicando.
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Cuando están en el lugar
Donde ha sido sentenciado,
Delante todo París
Fue el castigo ejecutado.
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Así murió don Carloto.
Quedó muy alevosado,
Y Valdovinos viviendo.
Aunque murió muy honrado. ... (ver texto completo)
Desde la prisión en que estaba recluido, el príncipe envió un recado secreto a Roldan (o Rolando), el cual empezó a reunir gente de armas para libertar al sentenciado, pero noticioso de ello el emperador, desterró de París a Roldan, por un año, y ordenó que el reo fuera puesto a buen recaudo y ejecutada fielmente la sentencia.
Primero a ser arrastrado
Por el campo y por la arena
Por un rocín mal domado
Después de lo cual queremos
Que sea descabezado
En un alto cadalso
Do pueda ser bien mirado
De fuera de la ciudad.
Por donde será llevado.
Después de lo cual cumplido ... (ver texto completo)
El buen ermitaño se esforzó por calmar con palabras de consuelo la cólera del noble anciano; y cuando éste hubo logrado sobreponerse a su dolor, preguntóle a su vez qué tierras eran aquéllas y quién era el señor de tales dominios. El santo varón, que no sabía con quién conversaba, respondió que toda la inmensa floresta que los rodeaba pertenecía al marqués de Mantua, el cual nunca se había dejado ver por aquellos contornos; y que las más cercanas viviendas eran su ermita, distante de allí más de ... (ver texto completo)
Juro por Dios poderoso.
Por Santa María su Madre,
Por el Santo Sacramento
que aquí suele celebrarse,
De nunca peinar mis canas,
Ni las mis barbas cortar,
De no vestir otras ropas,
Ni renovar mi calzar,
De no entrar en poblado
Ni las armas me quitar. ... (ver texto completo)
Mientras así daba suelta el marqués a su dolor, acertó a pasar por allí un santo ermitaño que vivía retirado en el bosque. Pidióle entonces el de Mantua que le prestara ayuda para auxiliar al moribundo caballero; pero todo fue inútil, porque éste expiró a los pocos momentos, y ambos, marqués y ermitaño, cayeron de hinojos ante el cadáver y pidieron a Dios por el descanso del alma que acaba de romper su cárcel terrena. Cuando el marqués y su acompañante, después de trasladar el cuerpo de Valdovinos ... (ver texto completo)
Cuando aquesto oyó el marqués
El habla perdido ha;
En el suelo dio consigo.
La espada fue a arrojar,
Las barbas de la su cara
Empezólas de arrancar,
Los sus cabellos muy canos
Comiénzalos de mesar.
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Con un paño que traía
La cara le fue a limpiar;
Desde que le hubo limpiado,
Luego conocido le ha.
En la boca lo besaba,
No cesaba de llorar;
Las palabras que decía,
Dolor es de las contar.
¡Oh sobrino Valdovinos,
Mi buen sobrino camal!
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¿Quién es el que a vos mató
Que a mi vivo fue a dejar? ... (ver texto completo)
El interrogado respondió que se llamaba Valdovinos y era hijo del rey de Dacia y sobrino del marqués de Mantua. Añadió que su esposa, la hermosa princesa Sevilla, hija del monarca moro de aquel reino, convertida a la religión cristiana, por llegar a ser su consorte, había tenido la desgracia de encender el fuego de una torpe pasión en el hijo del emperador Carlomagno, el príncipe Carlos o Carloto, el cual había dispuesto arteramente una partida de caza con el perverso designio de asesinarle a él ... (ver texto completo)
Sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible curar a un hombre enfermo de su soledad
Llegóse a los pies del herido, pues deseaba y temía a la vez descubrir la terrible verdad de aquella desgracia, pero la sangre que cubría el rostro de la victima no le permitió reconocer en ella a su sobrino; y así hubo de preguntarle:

-Decidme, señor, quién sois
Y de qué es vuestro mal.
Que si remediarse puede,
Yo os prometo de ayudar.
La voz del doliente caballero se apagaba por momentos, y como la brisa levantaba sordos rumores en el ramaje del bosque, sólo de una manera confusa y vaga se oyeron las tristes lamentaciones del desconocido.

- ¡Oh noble marqués de Mantua,
Mi señor tío carnal!
¿Adonde estáis que no oís
Mi doloroso quejar?
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Turbado estaba el Marqués,
No pudo más escuchar:
El corazón se le aprieta
La sangre vuelto se le ha. ... (ver texto completo)
El mundo de hoy tiene hambre no solo de pan si no tambien de amor
- ¿Dónde estás, señora mía
Que no te duele mi mal?
O no lo sabes, señora,
O eres falsa y desleal.
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¡Oh mi primo Montesinos!
¡lnfante, don Merián!
¡Oh esforzado don Reinaldos!
¡Oh buen paladín Roldan!
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¡Oh, marqués don Oliveros!
¡Oh Durandarte, el galán!
¡Oh archiduque don Astolfo!
¡Oh gran duque de Milán!
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¡Oh emperador Carlomagno,
Mi buen señor natural.
Si supieras tú mi muerte
Cómo la harías vengar! ... (ver texto completo)
En uno de los que gozaron de más favor cerca de los nobles de España, contábase esta aventura en tiempo de Carlomagno. He aquí su argumento.

La víspera de San Juan, salió de su castillo el marqués de Mantua, acompañado de muchos de sus caballeros, y con ellos emprendió el camino de una floresta que bordeaba el cauce de un río, con ánimo de entregarse a los placeres cinegéticos. Era el día caluroso, y la caza abundante. A la caída de la tarde sentáronse marqués y acompañantes a la orilla del camino, ... (ver texto completo)