Ignoro si alguno de estos
árboles sobrevivirá cuando estas líneas se publiquen. Espectaculares eran los dos olmos de Milmarcos (
Guadalajara); se sabía que el más viejo y corpulento había sido plantado en 1646, y el más
joven, un siglo después. A finales de 1988 ambos se habían secado, y los más, talado; también había muerto la olma de
Rapariegos (
Segovia), aunque los vecinos, en lugar de abatirla, la han convertido en
monumento de sí misma.