Todos soñamos.
Sólo que mi sueño era mas ambiguo.
Tenía una parte dulce y otra, no diré de pesadilla, pero si muy triste.
En la parte dulce, yo también era alcalde.
La verdad me suponía un esfuerzo dedicar tantas horas como dedicaba a mi pueblo, pero no me importaba. Nací aquí, y aquí quería morir.
Cuando tenía un rato libre paseaba por el pueblo, hablaba con todo el mundo y apreciaba el cariño de la gente.
Recordaba mi pueblo hace pocos años, muy pocos. Cuando no teníamos absolutamente de nada. Recordaba como un día tomé la decisión de fomentar la inmigración hacia aquí, aún sabiendo que esa gente a la que iba a facilitar vivir aquí, sería la que el día de mañana mas me despreciaría, pero no me importaba, estaba orgullosa de mi pueblo y quería compartirlo con el mundo.
También sabía que cobrando 6000 euros por cada licencia de construcción, era la única forma de proveer a mi pueblo, ese que tanto me importaba, de las infraestucturas necesarias para ser el mejor de los pueblos. Aunque sabía que no lo iba a conseguir en un año. Ni en dos.
Luchaba cada día con los pormenores del ayuntamiento que eran muchos, telefónica, que no daba los servicios que debía, gente que venía a trabajar en el campo y dormían en la calle, subvenciones de los organismos competentes que no llegaban, y aún sabiendo que no tenía responsabilidad en esos problemas me apenaba la situación, e incluso me cansaba de luchar contra gigantes que hacían odídos sordos a mis peticiones, pero aún así lo hacía sin tirar la toalla.
De tanto insistir, conseguí que nos hicieran un colegio nuevo, después que lo ampliaran, incluso disponíamos de una residencia para ancianos.
Repito, estaba orgulloso de trabajar por el bienestar de mi pueblo, de mis vecinos, en la mayoría de los casos, de mis amigos.
Pero entonces mi sueño se truncó.
Esa gente, que yo sabía que algún dia me despreciaría, no sé si por iniciativa propia o con algún interes, no sólo me despreció, sino que a falta de argumentos lógicos empezó a masacrar todo lo que olía a ayuntamiento.
Me hacían responsable de cualquier hecho que no fuese de su agrado. Llegaron incluso a acusarme de ser el culpable de que telefónica no les pusiera teléfono, de que no hubiera en el pueblo bomberos, ni Guardia Civil. No reclamaban al Ministerio de Interior, no. LA CULPA DEL ALCALDE. Incluso se me llegó a culpar del combustible que usaba el panadero en su horno.
No se si será cierto pero en una ocasión, alguien me dijo que utilizaban un foro de internet para decir de mí las mayores brutalidades que se pueden decir de una persona, sin tener que dar la cara, eso sí.
Así que me harté, si me harté. Un día estaba tan cansado, que presenté mi dimisión y me marché.
El partido de la oposición lo celebró por todo lo alto. Dieron una fiesta enorme en la que invitaron a todo el pueblo. Muchos fueron, incluso aquellos que me pedían por favor que no me marchara. Esos, también fueron a la fiesta.
Reconozco que por un momento me sentí traicionado
A partir de ese día las cosas cambiaron muchísimo, a mejor por supuesto. No se volvió a conceder una licencia de obra. NI UN CHALET MAS. Era su grito de guerra. Como el Ministerio seguía sin poner bomberos, ni guardia civil, lo puso el ayuntamiento. Al fin y al cabo era un servicio índispensable.
Hicieron un Hospital, era necesario. La Seguidad Social no se hacía cargo, porque no había suficientes empadronados, pero que mas dá, lo paga el ayuntamiento. Contrataron 8 Médicos de los mejores.
Como telefónica seguía sin poner teléfonos, el ayuntamiento, regaló un móvil a cada vecino afectado por el problema, y un saldo de 100 euros al mes hasta que se solucionara. Al fin y al cabo era justo. No se puede estar sin teléfono.
Mi pueblo era un paraíso, incluso yo, me di cuenta de que mi dimisión era lo mejor que había hecho por el pueblo desde que me eligiéron alcalde.
Pero algo inexperado ocurrió. Un buen día el Hospital estaba cerrado. Nadie sabia que había pasado, dicen las malas lenguas, que los médicos llevaban 7 meses sin cobrar y se negaron a trabajar. Cuando fueron al ayutamiento a reclamar su sueldo, les dijeron que no había dinero, pues con tanto gasto y encima sin poder ingresar nada por las licencias de obra el ayutamiento estaba en quiebra.
A los pocos días los bomberos y los policías siguieron el ejemplo de los médicos, la gente se preocupaba pero sabían que con todo lo que les había dado el nuevo alcalde, no les iba a dejar en la estacada.
Alguien quiso llamar al alcalde, para ver que pasaba, pero al ir a utilizar el móvil que le dieron salía un mensaje que decía algo así como que tenía el servicio suspendido. ¿Que estaba pasando?
Un buen día el alcalde desapareció, y muchos vecinos vinieron a mi casa a pedirme ayuda. Incluso los que fueron a la fiesta. Pero yo no tenía fuerzas para volver. Juro que no lo hice por rencor, simplemente ya había sufrido demasiado.
Al final eligieron a un muchacho joven y con coraje.
Yo era mayor, pero vivía agusto. En el pueblo quedabamos pocos habitantes porque la mayoría habían malvendido sus casas para salir de allí. Les habían pagado poco, pero tal y como estaba el pueblo, los parques secos porque no había operarios que regaran, ni que arreglaran las calles, lo mejor que hicieron fué vender. Oros se marcharon porque muchas empresas se fueron, al no poder contar con el apoyo del ayuntamiento, y había mucho paro.
Ahora el viejo edificio del hospital, que fué embargado, el nuevo alcalde ha negociado con una empresa que lo va a comprar e instalar allí unas oficinas. Parece que habrá algo de trabajo.
También ha dado las 3 primeras licencias de obra.
Sólo que mi sueño era mas ambiguo.
Tenía una parte dulce y otra, no diré de pesadilla, pero si muy triste.
En la parte dulce, yo también era alcalde.
La verdad me suponía un esfuerzo dedicar tantas horas como dedicaba a mi pueblo, pero no me importaba. Nací aquí, y aquí quería morir.
Cuando tenía un rato libre paseaba por el pueblo, hablaba con todo el mundo y apreciaba el cariño de la gente.
Recordaba mi pueblo hace pocos años, muy pocos. Cuando no teníamos absolutamente de nada. Recordaba como un día tomé la decisión de fomentar la inmigración hacia aquí, aún sabiendo que esa gente a la que iba a facilitar vivir aquí, sería la que el día de mañana mas me despreciaría, pero no me importaba, estaba orgullosa de mi pueblo y quería compartirlo con el mundo.
También sabía que cobrando 6000 euros por cada licencia de construcción, era la única forma de proveer a mi pueblo, ese que tanto me importaba, de las infraestucturas necesarias para ser el mejor de los pueblos. Aunque sabía que no lo iba a conseguir en un año. Ni en dos.
Luchaba cada día con los pormenores del ayuntamiento que eran muchos, telefónica, que no daba los servicios que debía, gente que venía a trabajar en el campo y dormían en la calle, subvenciones de los organismos competentes que no llegaban, y aún sabiendo que no tenía responsabilidad en esos problemas me apenaba la situación, e incluso me cansaba de luchar contra gigantes que hacían odídos sordos a mis peticiones, pero aún así lo hacía sin tirar la toalla.
De tanto insistir, conseguí que nos hicieran un colegio nuevo, después que lo ampliaran, incluso disponíamos de una residencia para ancianos.
Repito, estaba orgulloso de trabajar por el bienestar de mi pueblo, de mis vecinos, en la mayoría de los casos, de mis amigos.
Pero entonces mi sueño se truncó.
Esa gente, que yo sabía que algún dia me despreciaría, no sé si por iniciativa propia o con algún interes, no sólo me despreció, sino que a falta de argumentos lógicos empezó a masacrar todo lo que olía a ayuntamiento.
Me hacían responsable de cualquier hecho que no fuese de su agrado. Llegaron incluso a acusarme de ser el culpable de que telefónica no les pusiera teléfono, de que no hubiera en el pueblo bomberos, ni Guardia Civil. No reclamaban al Ministerio de Interior, no. LA CULPA DEL ALCALDE. Incluso se me llegó a culpar del combustible que usaba el panadero en su horno.
No se si será cierto pero en una ocasión, alguien me dijo que utilizaban un foro de internet para decir de mí las mayores brutalidades que se pueden decir de una persona, sin tener que dar la cara, eso sí.
Así que me harté, si me harté. Un día estaba tan cansado, que presenté mi dimisión y me marché.
El partido de la oposición lo celebró por todo lo alto. Dieron una fiesta enorme en la que invitaron a todo el pueblo. Muchos fueron, incluso aquellos que me pedían por favor que no me marchara. Esos, también fueron a la fiesta.
Reconozco que por un momento me sentí traicionado
A partir de ese día las cosas cambiaron muchísimo, a mejor por supuesto. No se volvió a conceder una licencia de obra. NI UN CHALET MAS. Era su grito de guerra. Como el Ministerio seguía sin poner bomberos, ni guardia civil, lo puso el ayuntamiento. Al fin y al cabo era un servicio índispensable.
Hicieron un Hospital, era necesario. La Seguidad Social no se hacía cargo, porque no había suficientes empadronados, pero que mas dá, lo paga el ayuntamiento. Contrataron 8 Médicos de los mejores.
Como telefónica seguía sin poner teléfonos, el ayuntamiento, regaló un móvil a cada vecino afectado por el problema, y un saldo de 100 euros al mes hasta que se solucionara. Al fin y al cabo era justo. No se puede estar sin teléfono.
Mi pueblo era un paraíso, incluso yo, me di cuenta de que mi dimisión era lo mejor que había hecho por el pueblo desde que me eligiéron alcalde.
Pero algo inexperado ocurrió. Un buen día el Hospital estaba cerrado. Nadie sabia que había pasado, dicen las malas lenguas, que los médicos llevaban 7 meses sin cobrar y se negaron a trabajar. Cuando fueron al ayutamiento a reclamar su sueldo, les dijeron que no había dinero, pues con tanto gasto y encima sin poder ingresar nada por las licencias de obra el ayutamiento estaba en quiebra.
A los pocos días los bomberos y los policías siguieron el ejemplo de los médicos, la gente se preocupaba pero sabían que con todo lo que les había dado el nuevo alcalde, no les iba a dejar en la estacada.
Alguien quiso llamar al alcalde, para ver que pasaba, pero al ir a utilizar el móvil que le dieron salía un mensaje que decía algo así como que tenía el servicio suspendido. ¿Que estaba pasando?
Un buen día el alcalde desapareció, y muchos vecinos vinieron a mi casa a pedirme ayuda. Incluso los que fueron a la fiesta. Pero yo no tenía fuerzas para volver. Juro que no lo hice por rencor, simplemente ya había sufrido demasiado.
Al final eligieron a un muchacho joven y con coraje.
Yo era mayor, pero vivía agusto. En el pueblo quedabamos pocos habitantes porque la mayoría habían malvendido sus casas para salir de allí. Les habían pagado poco, pero tal y como estaba el pueblo, los parques secos porque no había operarios que regaran, ni que arreglaran las calles, lo mejor que hicieron fué vender. Oros se marcharon porque muchas empresas se fueron, al no poder contar con el apoyo del ayuntamiento, y había mucho paro.
Ahora el viejo edificio del hospital, que fué embargado, el nuevo alcalde ha negociado con una empresa que lo va a comprar e instalar allí unas oficinas. Parece que habrá algo de trabajo.
También ha dado las 3 primeras licencias de obra.