No basta el canturreo de mi madre, y sus escenas del Nuevo Testamento, y las torturas de las monjitas de la
calle de la Santísima Trinidad (se llevaba allí a los párvulos: o parvos, pequeños): había que buscar más datos. La primera
Feria del Libro, en el
paseo de Recoletos, ofrecía obras impensables hasta entonces: algunos curas republicanos escribían sus nuevos textos, y a mí me iluminó uno de ellos: Farsantes, hipócritas, fariseos, tres excelentes palabras para referirse al clero de la época. Unos
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