En un lejano reino vivía una malvada dama con sus dos hijas, que eran muy pero muy feas, y una
joven de gran belleza, que estaba sola en este mundo. Ella era quien hacía las tareas más difíciles de la
casa y aunque sus hermanastras se burlaban, mantenía su buen humor y alegría. Como sus vestidos siempre se le manchaban de ceniza, todos la llamaban: ¡Cenicienta!
Un buen día, el nuevo Rey de aquel país, ansioso por casar a su hijo, el joven príncipe, anunció: ¡Daré una gran
fiesta y todas las
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